BASÍLICA SANTA MARÍA LA MAYOR


SANTA MARÍA AD PRAESEPE




La basílica de Santa María Mayor y su ‘belén’

Una característica especial que merece ser recordada es que justo en esta capilla se conserva el primer ‘belén’ hecho con estatuas.

La reconstrucción de un «Pesebre» tiene su origen en el 432 cuando el Papa Sixto III (432/40) creó en la Basílica primitiva una «cueva de la Natividad» similar a la de Belén. A ella se trasladaron algunas  antiguas reliquias.
Nicolás IV en 1288 encargó a Arnolfo di Cambio una representación escultórica de la «Natividad». Algunos elementos de la cueva y las estatuas fueron luego trasladados hasta la capilla llamada del Santísimo Sacramento o Sixtina. Por la presencia de estas reliquias de la cuna – pesebre la Basílica de Santa María Mayor tomó también el nombre de «Santa María ad Praesepe».
Fuera de la capilla, en el suelo, nos encontramos con la sencilla lápida de la familia Bernini. Allí están enterrados Gian Lorenzo y su padre Pedro, con el siguiente epitafio: «La noble familia Bernini aquí espera la Resurrección.

Nieve en agosto

La basílica de Santa María Mayor se conoce también como basílica «liberiana«. Una antigua tradición la relaciona con el Papa Liberio. Según esta tradición, en el 358, fue la Virgen María quien inspiró la construcción de su basílica en la colina del Esquilino. María se apareció en un sueño al patricio Juan y al Papa Liberio. Ella les pedía la construcción de una iglesia en su honor en un lugar que les indicaría milagrosamente. En la mañana del 5 de agosto, en medio de caluroso verano romano, la colina del Esquilino apareció cubierta de nieve.
El Papa trazó el perímetro de la nueva iglesia también llamada por esta razón «Santa María de la Nieve» y Juan financió su construcción. El milagro de la nieve se recuerda cada año el 5 de agosto. Desde 1983 uno de los casetones del techo se abre y una lluvia de pétalos blancos cae ante el altar durante el gloria de la misa de la mañana y durante el ‘magnificat’ de las vísperas. Por la noche, gran fiesta en la plaza ante la basílica.

Construcción de la Basílica de Santa María Mayor

Un texto del Liber Pontificalis afirma que Papa Liberio «Fecit basilicam nomini suo iuxta Macellum Liviae”. Las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo bajo el suelo de la basílica nos han mostrado restos de un edificio que consta de varias habitaciones alrededor de un gran patio porticado. Son los restos de la primigenia basílica.

La actual basílica de Santa María Mayor fue erigida un siglo más tarde por el Papa Sixto III en honor de la proclamación de María como Theotókos – Madre de Dios – por el Concilio de Éfeso en el año 431 d.C. Fue construida entre el 432 y el 440. El mismo papa encargó los 42 paneles que representan escenas bíblicas y que aún adornan la nave central y el arco de triunfo.

La basílica fue ampliada en el siglo XIII por papa Nicolás IV. Este papa reconstruyó el ábside ampliándolo hacia atrás y adornándolo con mosaicos. También encargó una nueva fachada con mosaicos realizados por Filippo Risuti. Otros cambios se produjeron entre finales del siglo XVI y principios del siglo XVII. Los papas Sixto V y Paulo V construyeron las dos capillas laterales, llamadas Sixtina y Paulina. También realizaron el palacio a la derecha de la fachada.

PESEBRE MÁS ANTIGUO DEL PLANETA

En Navidad adquiere especial relevancia la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, el templo que custodia el pesebre más antiguo del planeta. La idea fue del papa Niccoló IV, quien en 1288 encargó al escultor, arquitecto y urbanista Arnolfo di Cambio una representación escultórica a tamaño natural del portal de Belén

Arnolfo di Cambio (Colle di Val d’Elsa, 1240-Florencia, 1310/12) realizó la primera figuración plástica, esculpiendo en 1291 las estatuas que personificaban a los protagonistas de la Natividad y a los Reyes Magos: las esculturas del primer pesebre de la historia, inicialmente colocadas en el monumento a Bonifacio VIII en la Cripta de la Capilla Sixtina de Santa María la Mayor.

Están representados los tres Reyes Magos que adoran al Niño Jesús junto con san José. Mientras la estatua de María, que lleva en brazos al Niño, se había pensado que era una estatua del siglo XVI, pero tras una reciente restauración, se cree que la obra sea la estatua original parcialmente retocada en el Quinientos. Cabe indicar que Arnolfo ultimó en sus mínimos detalles solamente las partes visibles al espectador mientras el lado más escondido aparece escasamente esbozado.

A los pies del altar la escalera doble de la Confesión conduce a la Cripta del Pesebre, con suelo cosmatesco. Ahí, entre 1290 y 1292, Arnolfo di Cambio reconstruyó un pesebre con forma de capilla, destinado a resaltar las reliquias de Belén veneradas en iglesia romana. Por este motivo, la basílica fue denominada entonces de Santa María ad Praesepem.


Los numerosos peregrinos que volvían a Roma  de Tierra Santa aportaron valiosos fragmento de madera de la Sagrada Cuna, actualmente guardados en el relicario dorado de la Confesión, que refuerzan la devoción en el mundo católico El comitente Niccoló IV –el primer papa franciscano– se mostró especialmente devoto por el relicario del heno en el que reposó el Niño, una tradición franciscana después del primer Nacimiento viviente de San Francisco.

 

               RELICARIO DEL PESEBRE-GIUSEPPE VELADIER- 1900


DETALLE DEL RELICARIO

Entre la Basílica Liberiana (por el nombre del Papa Liberio, su fundador) de Santa María la Mayor –la única dedicada a la Virgen entre las cuatro grandes basílicas romanas–, y la Corona de España existen estrechos vínculos: el rey, al igual que sus predecesores, en el trono posee la dignidad de Protocanónigo honorario.

A este propósito, conviene recordar que el emperador Carlos V donó al papa Alejandro VI el primer oro procedente de América con el que se doró el artesonado de este templo mariano, que aún ostenta la primitiva estructura paleocristiana, enriquecida con sucesivas añadiduras románicas, renacentistas y tardobarrocas.

Posteriormente, en tiempos del rey Felipe IV, y en virtud de la bula Hispaniarum Fidelitas, se instauró que cada año España entregara el Óbolo de la Corona a la Basílica y que se celebraran solemnes ritos eucarísticos en la misma con motivo de la festividad de San Fernando y otras señaladas fechas.











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